El Reloj de Pachuca: eterno guardián de la Bella Airosa

No serían el uno sin el otro. Pachuca y el Reloj Monumental tienen una relación muy especial que inició en 1904, cuando se da a conocer el proyecto para realizarlo, y un se concretó en 1910, el 15 de septiembre, fecha de su inauguración, y que marcó el día que marcaría ese vínculo eterno.

Desde hace casi 110 años, Pachuca no puede existir sin tener de la mano al Reloj. Esa bella torre de 40 metros de alto, diseñada por el arquitecto Tomás Cordero y Osío, se convirtió de inmediato en el símbolo de la ciudad.

¿Qué sería de Pachuca sin su Reloj? Es difícil imaginarlo.

Ha visto pasar varias generaciones de pachuqueños e hidalguenses que han pasado el tiempo alrededor de este emblemático espacio, enmarcado por la plaza Independencia y sus edificios que la rodean, mismos que han sufrido modificaciones con los años, pero conservando su principal atractivo.

Ese Reloj que ha sido testigo de la Revolución Mexicana, la restauración del país, los periodos de apogeo, el crecimiento de Pachuca, la modernización de la ciudad, la llegada de un nuevo siglo y se mantiene en pie esperando seguir siendo parte de la historia.

Conoce las entrañas del Reloj Monumental

Una experiencia única es conocer el Reloj Monumental en sus entrañas. Con casi 110 años de historia, el emblema de Pachuca guarda los recuerdos de la Bella Airosa en sus muros, los cuales pueden ser visitados.

La Dirección de Turismo Municipal ofrece recorridos para conocer el Reloj junto a un guía especializado que explica aspectos relevantes de esta construcción de estilo neoclásico que data del Porfiriato; inaugurada en 1910 en ocasión del primer centenario del Inició del Movimiento de Independencia de México.

Así mismo, los visitantes conocerán el funcionamiento del mecanismo de la maquinaria, fabricada en la misma compañía que elaboró la del Big Ben de Londres, Inglaterra, además de tener acceso a la parte superior de la torre de 40 metros edificado con cantera de la comunidad realmontense de Tezoantla.

Durante el recorrido que tiene una duración aproximada de 45 minutos, los visitantes suben una escalera de caracol desde la planta baja hasta el segundo nivel, para posteriormente subir una escalera tipo marina de 8 metros que los conduce al tercer nivel y posteriormente una escalera más los conduce al campanario coronado, con una cúpula de cobre proveniente de la Compañía Fundidora de Monterrey.

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